BIOCONSTRUCCION CON TIERRA Y PACAS DE PAJA
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El enfoque del desarrollo sostenible en relación con la vivienda y el desarrollo de la comunidad
En la civilización
moderna se construyen edificios confortables y aparentemente funcionales para
los ritmos de crecimiento poblacional y estilos de vida de la sociedad actual.
Casi de manera general, estas viviendas implican consumos elevados de energía
para su climatización e iluminación, entre otras necesidades, sin percatarse
del derroche de recursos que esto representa para el medio ambiente además de contribuir
con el calentamiento global.
La creciente preocupación de la Comunidad
Internacional por los problemas ambientales ha generado la propuesta de crear e
impulsar proyectos de desarrollo sostenible. Al percibir el desequilibrio
ecológico que ocurre en la mayoría de los ecosistemas naturales y el dispendio
de energía innecesario, se ha buscado rescatar técnicas antiguas de
construcción de vivienda combinándolas con nuevos aportes que permiten
administrar los recursos, disminuyendo el alto impacto en el entorno. Tales
técnicas arquitectónicas consideran los elementos climáticos y los recursos
materiales del entorno de la comunidad. Previo diagnóstico de las condiciones
climáticas y materiales disponibles en cada región, los ecodiseños permiten
aprovechar de manera eficiente los recursos, manejando adecuadamente los
desechos domésticos y aprovechando el agua de lluvia.
Cabe considerar que
algunos materiales como el cemento, los tabiques, la varilla, entre otros,
requieren fuertes inversiones de energía y costos de producción elevados en sí
mismos; de igual manera la demolición de este tipo de construcciones genera
deshechos no biodegradables. Por estas razones es importante tener conciencia
de nuestro entorno revalorando lo que nos ofrece y cómo se afecta por la forma
en que estamos inmersos en él.
El enfoque del desarrollo
sostenible en relación con la vivienda y el desarrollo de la comunidad, es
precisamente la construcción de viviendas dignas y la calidad de vida en
ciudades pequeñas, evitando el crecimiento desmedido de las grandes urbes o la
formación de otras. Las civilizaciones antiguas alrededor del mundo como Grecia
y Egipto y en países de Latinoamérica y Asia, emplearon elementos naturales en
sus construcciones: piedras, madera, arcillas, mármol. Incluso las clases menos
privilegiadas, a lo largo de la historia y el desarrollo de la Humanidad, han
empleado materiales como el carrizo, el lodo o las hojas de palma para
construir viviendas apropiadas para todo tipo de climas, templados, fríos o
cálidos. En los últimos años, este conocimiento tradicionalmente heredado ha
sido revalorado, cobrando gran importancia a nivel mundial. Llegando a tal
punto que arquitectos reconocidos, profesores de universidades e investigadores
han optado por desarrollar edificios inteligentes bajo el esquema del bioclima,
o bien se han diseñado bio-construcciones totalmente funcionales que cumplen
con varios requerimientos en relación con los actuales estándares de confort.
El tema de la
arquitectura sustentable no es nada nuevo; ha existido desde principios del
siglo XX. En Estados Unidos el arquitecto Nader Khalili fue uno de los primeros
en retomar de la antigüedad el concepto de bio-construcciones, y en adaptarlo
al modelo actual que conocemos. Este arquitecto americano-iraní fue el creador
del “súper adobe” y su propuesta ha sido aprobada desde hace varios años por
los altos comisionados de la ONU en materia de vivienda sustentable y digna.
Este modelo de construcción ha sido tomado en cuenta para edificar de manera
sustentable no sólo en la comunidad rural, sino en la ciudad con materiales de
reducido impacto ambiental.
Los diferentes tipos de
bio-construcciones pueden ser hechas de materiales tales como bolsas rellenas
de tierra, bejucos, carrizos, arcillas, piedras, adobes o en su caso, de pacas
de paja. Los materiales son seleccionados de acuerdo con las condiciones
climáticas de cada región para hacer que sus paredes conserven el calor,
durante el invierno; o mantengan la estancia fresca, durante el verano;
aprovechando la iluminación y la ventilación natural. Se resalta además su
resistencia frente a sismos, tornados, inundaciones u otros desastres
naturales.
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